En estricto rigor la contratación de cualquier entrenador es un riesgo o una apuesta. No hay técnico en el mundo que te asegure títulos en todos los campeonatos. Eso es una verdad del porte de un buque: el que dirige no siempre va a terminar dando la vuelta olímpica. Historia antigua y archiconocida, pero vale la pena repetirla en estos momentos donde la salida y entrada de técnicos es como la puerta de un mall. Destituir a un DT por malos resultados es una razón valedera que hoy tienen los “gerentes” de las sociedades anónimas. Es un motivo de peso ya que su mentalidad empresarial es así. Si logra el objetivo continúa y si no es capaz de alcanzar las metas será despedido. Simple y aceptado, así son las reglas que se imponen en el mercado. Ahora, propongo la otra mirada. Veamos la otra hoja del diario, olvidemos los resultados finales y escarbemos algo más recóndito. Creo que es miope despedir a un tipo sólo por los resultados. Parto de la base que sólo un equipo puede ser campeón, por lo tanto, entendiendo la lógica del resultado (si el primer lugar es la única aspiración) todos aquellos que no descorchan champagne al final del campeonato debieran cerrar la puerta por fuera. Bobada pura. Creo que hay que curiosear con más detalle el trabajo del técnico para tomar una determinación tan drástica. Se debe observar el cumplimiento de varios puntos antes de cortar la raíz. Propongo algunos para la evaluación final del que dirige, por ejemplo: 1.- Estilo de juego definido. 2.- Acierto con las contrataciones 3.- Apuesta por las inferiores. 4.- Disciplina en el camarín. 5.- Capacidad táctica, etc. Veamos el caso puntual de Gerardo Pelusso. ¿Está bien destituido el DT?. Sí. Si nos apegamos a la lista de los 5 puntos anteriores, él falló en un alto porcentaje: 1.-Su estilo defensivo no fue acorde con la capacidad de algunos jugadores y con la historia del equipo. 2.- Las contrataciones fueron pésimas. Para nombrar sólo dos y en puestos claves, el porcentaje de error fue muy alto: Centurión y Marino. 3.-Salvo la aparición de Felipe Gallegos la manifestación de la juvenil no tuvo espacio en el primer equipo. 4.- Se terminó el año buscando al “sapo” y al “traidor” en vez de concentrarse en los partidos finales. Pelusso no fue capaz de evitar el crecimiento del conflicto. 5.- Perjudicó a muchos jugadores. Sólo dos casos: Edson Puch y Eduardo Vargas, ambos que son para jugar “libres” tenían funciones defensivas por los costados. Nunca se aprovechó su principal fortaleza. Debieron marcar antes que atacar.
jueves, 23 de diciembre de 2010
La identidad de un técnico
Publicado por
Vicho Castro
en
18:53
Etiquetas: algunos amagues, Gerardo Pelusso
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